lunes, 16 de julio de 2018

Reflexiones finales del curso María Zambrano: de la epistemología poética a la filosofía aplicada.


“María Zambrano: de la epistemología poética a la filosofía aplicada. Curso de posgrado impartido por el profesor José Barrientos de la Universidad de Sevilla”. 11, 12, 20 y 21 de junio 2018.

Reflexiones finales.
Miguel Eduardo Morales Lizarraga.
29 de junio de 2018
“Epitafio”
Por tener talante filosófico
la mente, que ocupaba fantasía,
tachando de inerme la teoría
reprochaban su sino escatológico.
En un desplante de pensamiento teórico
resumió en una sola su poesía
viviéndola en extravagante alegoría
siempre fiel a su mundo metafórico.
¿Dónde yace el que, logrado su objetivo
de la turba ignoró los improperios
y prefirió morir a ser un muerto vivo?
Yace ahí donde terminan los imperios,
donde se extingue el aliento subjetivo
y se develan para siempre los misterios

Miguel E. Morales L. Aquella Mujer.

Hace algunos años, no recuerdo si poco antes o poco después de una “experiencia de despertar”, leía una biografía de Dostoievski en la que se narraba la tortura de su fusilamiento indultado. Tanto en esta biografía como en El idiota refiere cómo esta experiencia le resultó como una epifanía que le permitió enfrentarse a lo que seguiría, cinco años en una prisión en Siberia que se le figuraron como estar encerrado vivo en un ataúd; y que le servirían también para soportar sus padecimientos en los años venideros. Ambas experiencias –el indulto y salir del ataúd- fueron verdaderos renacimientos, reveladores de una verdad más profunda de la que podía explicar y que sólo alcanzó –“sólo” humilde palabra- a mostrar “poéticamente” en sus novelas posteriores.
Estuve acudiendo a un seminario internacional de filosofía japonesa, también en estos días. Una de las ponencias fue dedicada al concepto de metanoesis de Tanabe Hajime, en el que citaron este pasaje de la vida de Dostoievski. Describieron el concepto como un asombro de lo que hay (that is it) antes que un asombro sobre qué sea lo que hay (what is it). Es la diferencia que va entre la passio essendi y la conatus essendi.
La metanoesis es el camino de la aceptación de lo que es en sus propios términos, una mente pasiva que no tematiza ni conceptualiza ni que, conceptualizando, impone definiciones al ser, y con ello, impone al ser un ser otro. Pero no una simple pasividad, sino la acción de retener la reacción mental de la tematización y mantener la mente pasiva y con ello receptiva a la verdad del ser, el ser en sus propios términos. La metanoesis va de la noesis al noema, y con ello hace un ejercicio de conversión o transformación del yo y su obsesión con su propio poder y su intento de dominio de lo que no puede cambiar, a la realización y aceptación del poder-otro, o del otro, tanto de la realidad del ser como de la realidad del ser humano. Vaciarse a sí mismo, ser uno nada –no en el sentido nihilista occidental sino en el sentido budista de interdependencia- para que el otro sea en plenitud y ser en plenitud con él. El objetivo de este vaciamiento de conceptos es lograr un estado de consciencia no intencional –al estilo de Husserl o Levinas- que sea comunión agápica con el ser, un ágape de mente pura.
Evidentemente la relación del pensamiento del filósofo japonés con sus raíces budistas es elocuente, y con esa elocuencia reforzaban lo aprendido sobre María Zambrano, tanto en el curso como en propia experiencia.
Zambrano parte de sus influencias en Ortega y en Heidegger, principalmente con la idea de una verdad más revelada o des-ocultada –aletheia- que se da a un sujeto pasivo, que de una verdad que se busca y a la que se llega por conclusión lógica, a la que se domina activamente por el pensamiento. Al conocimiento se llega por perplejidad e iluminación graciosa a través de un acontecimiento de revelación que es provocado ya por una herida y abismamiento desesperanzado y desesperado. Muy probablemente la salud de María, así como su temprano descalabro amoroso, su exilio y su siempre sentirse exiliada y las penurias que ello le atrajeron la llevaron a concluir una razón que iba más allá del concepto y que iba más allá de un ir a las cosas y dejar que las cosas fueran a ella “aprender a ver”, “aprender a mirar”, ser transparente y dejarse atravesar y llenar por el objeto.
Entender para ella no es la comprensión del objeto. Me hace recordar una escena de la película Good Will Hunting (Gus Van Sant 1997), el psicólogo confronta al paciente rebelde y listillo que lo ha humillado pues tiene la gracia de ser un genio que aprende libros de memoria y le dice que, si le preguntara sobre el amor, le recitaría unos versos, pero no sabe lo que es el amor pues nunca se ha enamorado, no tiene la experiencia. Entender se da solo a través de la experiencia, el implicarse en la vida y no contemplarla separado de ella. De ahí que pronto haya arribado a la razón poética pues la poesía muestra e intenta traer la experiencia mientras que la filosofía explica. Son, para ella, dos partes del ser humano que no habrían de separarse, de ahí que poética siga siendo razón.
La filosofía tiene más de acción, la acción mental de ir al objeto y tematizarlo, problematizarlo, conceptualizarlo. De la experiencia del asombro y la perplejidad originaria, el filósofo acciona con violencia para aprehender la realidad y dominarla. Pero el poeta es pasivo y al ser pasivo permite que entre la realidad en él; se abre pasivamente al mundo permitiendo que hablen las musas a través de él.
La filosofía mira al hombre en su historia universal, en su querer ser; es requerimiento guiado por método, se arranca de la perplejidad para explicar, es primeramente contenidos. Se busca, es violencia que se separa del ser para aprehenderlo, conquistarlo de manera total enseñoreándose del ser como dios, distanciándose de él y de la vida. El filósofo abandona constantemente su ser para encontrar otro ser. Es responsable pues conoce las consecuencias o las prevé medianamente. No espera razones pues va en busca de ellas; no se queja, actúa y lucha imponiendo o intentando imponer su voluntad; es madurez sin vida que lo quiere todo. Es conocer intelectivo que se aparta de la vorágine de la vida o la soporta de manera estoica; separación de la realidad, imposición de una verdad definida casi unilateralmente a un mundo del que se han barrido los dioses y que ha quedado sin encantamientos y que por lo mismo causa una angustia de la que se busca consuelo en el saber o en el dominio. Pareciera que el emblema del filósofo es el Fausto.
Por su parte la poesía mira al hombre concreto, individual, que recibe la realidad, el humano de Unamuno. Es encuentro y don, hallazgo por gracia que se queda en la perplejidad y es absorbida en la grandiosidad que le asombra. El poeta se desvive y presta servicio uniendo vida y pensamiento, abriéndose al ser graciosa e irresponsablemente. Se entrega esperando la llegada graciosa de respuestas y agitándose en la tragedia de no encontrarlas, clamando y quejándose por ello, sabedor de su desgracia como Antígona. Se deja arrastrar por la vorágine de la vida y se fusiona con la realidad; escucha atentamente el susurro de los dioses en las cosas que permanecen encantadas y que encantan a su vez, embriagándolo e inspirándole su saber desde su sacralidad entrañable. Como no es lucha es amor y espera paciente que lo da todo, amor ágape de comunión, como la emblemática Margarita, aunque más que la de Goethe, la de Papini. ¡Qué peligroso ser irresponsable el poeta que mete el desorden dejándose entusiasmar por la arbitrariedad de los dioses!
En la experiencia filosófica de oriente, y en específico la japonesa transida por el budismo, el origen de la filosofía no es solo el asombro ni solo la angustia, es la insatisfacción o el sufrimiento. El sufrimiento de vivir, el padecer la vida, el nacer, enfermar, envejecer, ver morir, morir, desesperar viendo perdido lo querido y viendo cernirse sobre nosotros lo indeseable, y el ignorar cómo soltar ese apego y esa aversión. La herida, como muestra Zambrano es inevitable, la vida hiere. Así la filosofía para ella no es solo un saber por causas últimas ni solo contenidos sino un generar experiencias. Generar una experiencia que impacte y que hiera y maree, que forme personalidad y no solo intelectualidad. La herida es experiencia que construye como persona.
Si la filosofía, por ejemplo, para Ortega, es experiencia vital en la historia y por tanto en cierta medida es filosofía de la historia, en sentido universal, en el sentido de la humanidad, la filosofía como razón poética en María es sacar de quicio a la razón, no descifrar el sentido del mundo sino descifrarse, descifrar el sentir en la propia biografía. La filosofía es una lid personal, personalísima para darse sentido ante la herida del mundo y poder seguir viviendo y aún vivir con sentido y hasta, por qué no, plenitud. Para ello hay que profundizar en la herida, abandonar toda esperanza, abismarse en el dolor y en sí mismo. No queda de otra, es experiencia sí, y por ello es experiencia propia de la que los otros y su experiencia solo pueden servir de muestra.
Y para ello hay que encontrar la propia palabra, la palabra sagrada que es la palabra que narra la biografía propia. No es un logos argumentativo, es un logos poiesis que se mira y si mira suficientemente al abismo de la propia herida puede llegar a regalar la gracia de la revelación, del despertar o renacer. No es la palabra que ha sido despedazada a fuerza de análisis y uso que le arrebatan su fuerza actuante en el mundo, su “potencia performativa”. Es la palabra que cura, parresia que se atreve a decirlo todo poniendo enfrente el sufrimiento padecido para poder aceptarlo y seguir adelante y, tal vez, hacerlo útil a otro para que a su vez pueda decirlo todo y seguir adelante.
No pude estar exento de esa herida, nadie lo está. Huérfano de padre a edad temprana busqué refugio precisamente en la poesía que me revelaba sentidos y me hacía comprensible y tolerable el mundo. Fue la misma poesía la que me reveló la filosofía e intuí que no eran cosas separadas e inclusive ni siquiera distintas, por lo que, cuando profundizando más en ésta última, no pude comprender cómo es que se separaban el logos argumental de la filosofía y el logos poético e inclusive como el primero despreciaba al segundo como en la condena platónica. Hasta que descubría a Zambrano y su Filosofía y poesía. Tristemente era demasiado tarde y ya me había sumergido en una vorágine de dolor y autodestrucción. La guía de Zambrano ya fue puramente intelectual, ya había fortificado las barreras que impedían que su pensar pudiera tener algún efecto práctico en mi vida. No necesito decir que el abismamiento fue casi total, y que “Como guarda el avaro su tesoro guardaba mi dolor…”, pero, y así es la naturaleza de la insatisfacción de un mundo cambiante “… ¡Eternamente no podrás ni aún sufrir!”.
Otros, me hicieron parte de un nosotros más grande que yo, un nosotros con sentido de servir a otros en el camino del abismamiento y su recorrido de vuelta a la vida y la alegría de vivir, el sentido del servicio, del salir de sí e ir hacia el otro para empoderarlo. La palabra jugó en ello un papel importantísimo. No la palabra analítica ni analizada sino la palabra que muestra la experiencia, la fortaleza y que esperanza y que, a la vez, es exorcismo que enseña a mirar la herida, exprimirla de su supuración, lavarla, cerrarla y aceptarla; que enseña a vivir con la cicatriz y que enseña a vivir con el dejo de dolor.
Ese dejo de dolor de los huesos rotos, al fin soldados pero que se resienten de cuando en cuando con el frío. Toda esa experiencia de la desesperanza y desesperación del abismamiento en caída libre y después en vuelo controlado y dirigido por la experiencia ajena; esa experiencia de obtener graciosamente un sentido de vivir, por revelación, como epifanía o despertar al espíritu, se convirtió en un regalo precioso para ofrecerlo a quien lo necesitase –de ahí que terminara acudiendo quincenalmente a reclusorio a compartir la experiencia y la meditación; agapeic mindfulness le llama William Brandon dentro de su concepto de metaxología, el “entre dos”, entre razón y pasión y entre el heterogeneous we o nosotros heterogéneo que hace la unidad en la diversidad.
Casi al final de esa travesía me hice maestro. Sin vocación al principio, todavía en la brega del abismamiento desesperanzado y sin sentido, sin renacimiento. Pero eventualmente y después de ocurrido éste me fue dada la vocación. Maestro de filosofía del derecho me di cuenta al cabo de algunos semestres que la filosofía no es –o no solamente- una materia. El temario está lleno de contenidos, pero sus contenidos son repeticiones de contenidos de otras materias (Introducción al Estudio del Derecho, Teoría del derecho y Metodología Jurídica, principalmente) y que la intencionalidad de que fuera una revisión crítica de los aprendido hasta el momento (principalmente la memorización acrítica y dogmática de códigos a los que se les aplica el análisis exegético dentro del marco de un positivismo trasnochado), era solo eso, buenas intensiones coartadas y olvidadas por un pesado culto a la ley y a la voluntad del legislador; sin capacidad de dar cuenta que la ley la mayoría de las veces es elaborada por grupos de interés para servir sus intereses y que el abogado que no tiene la capacidad de criticar y de ver la realidad tanto social, como del fenómeno jurídico, termina así siendo cómplice de un sistema jurídico opresor, como el mexicano que es clara y tristemente necroderecho, derecho al servicio de una política de muerte que deja grandes ganancias a los que hacen leyes a su conveniencia.
Sirviéndome de la etimología tanto de filosofía como de derecho, intento mostrar a mis estudiantes que la filosofía es amor, que el amor es una constante y perpetua voluntad de querer hacer el bien al ser amado por ser amable, digno de amor, comenzando por sí mismo en un sano amor propio. Qué la sabiduría es, sí conocimiento, pero no sólo conocimiento, sino principalmente experiencia de vida, querer prudencia para vivir bien, para bien vivir; y que el derecho no sólo es norma, sino que es darle a cada quien el reconocimiento y el respeto de su dignidad y su libertad.
Así, intento mostrarles que la filosofía del derecho es la constante y perpetua voluntad de querer el conocimiento y la experiencia de vida, la prudencia de darle a cada quien el reconocimiento y respeto de su dignidad-libertad –juris prudentia- y que, como abogados, es nuestra responsabilidad luchar por ello y en ello nos va la vocación y el criticar la ley descubriendo sus intensiones y sus utilidades; criticar el sistema social y político en el que se inserta el sistema jurídico y poner éste último al servicio de la emancipación y no al servicio de unos cuantos. En México se ha vuelto muy difícil el ejercicio de la profesión, pues en muchos, muchísimos casos los problemas se arreglan a billetazos o a balazos; la ley y la justicia es instrumento del mejor postor. Es desesperanzador.
Intento que la filosofía, pues, no sea una materia solamente sino una disciplina; no tanto que aprendan filosofía, sino que aprendan a filosofar y que en el trayecto descubran, su vocación, que la profesión es eso, llevar por delante la creencia de que podemos solucionar los problemas de manera pacífica y que podemos ayudar a crear las condiciones de posibilidad del florecimiento de la dignidad de cada persona a la que servimos, uno a la vez, un caso a la vez. Tal vez sea el inicio de una “filosofía del derecho como filosofía aplicada”, en un futuro que tenga las herramientas.
El abismo está ahí, la herida casi de muerte que tenemos como país es profunda y profusa –fosas y fosas clandestinas lo atestiguan-, pero como dice uno de mis poetas favoritos de mi infancia (Salvador Díaz Mirón):
“¡Oh Humanidad, oh Israel,
el bien prometido es cierto!
¡Mas Canaán es un huerto
adonde no ha de llegar
quien no sepa atravesar
el Mar Rojo y el desierto!

viernes, 9 de marzo de 2018

Ética y expresión programa de radio grabado para el ISES

Programa de radio sobre ética y expresión en perspectiva levinasiana. Con pie en las canciones vamos platicando acerca de una metafísica y una ética de la expresión. Instituto Salesiano de Estudios Superiores. El playlist habrán de descubrirlo, pero es rock indie, alternativo, algo de world music y electro, i.e. Yann Tiersen, Bon Iver, Marco Dos Santos, Superaquello, etcétera.

https://soundcloud.com/miguel-eduardo-morales-lizarraga/programa-etica-y-expresion https://soundcloud.com/miguel-eduardo-morales-lizarraga/programa-etica-y-expresion

domingo, 1 de octubre de 2017

La universidad nacional ante el sismo.

La universidad es nuestra, es de México, es de todos los mexicanos, del pueblo y para el pueblo, no por que una autoridad lo diga o no, sino porque ese es el espíritu con el que habla y actúa, la universidad no debe cerrar nunca; no para tomar clases o no tomarlas, hay situaciones en las que las clases son secundarias si no banales, sino porque debe ser centro de unidad de inteligencia y base de operaciones de lo mejor de la sociedad que son los estudiantes. Paro activo debe significar libertad y debe significar acción coordinada de los estudiantes y profesores accionando en la sociedad teniendo como base de coordinación la universidad. Aunque así no hubiera sido vale más ayudar afuera que una clase, o dos o tres, pero eso no significa que la unam deba parar para hacer lo que la unam debe hacer, hacerla funcionar es precisamente apoyar a los estudiantes para que apoyen a sus vecinos y tener abiertas las aulas debe ser para reconcentrar, reflexionar hacer catarsis y producir conocimiento activo y dirigido de los hechos para transformar los hechos. Por turnos asistiremos a los salones, por turnos iremos a llevar a fuera nuestros esfuerzos inteligentes y nuestra experiencia compartida, eliminando el adentro y el afuera. Parar la unam sería como si también estuviera derrumbada y aturdida. Olvidémonos de si las autoridades tienen razón o no, no nos desmovilicemos y no cedamos la universidad tampoco parándole, podemos tener ambas cosas. Y si los edificios no son adecuados, las aulas y el aprendizaje nunca han sido las paredes sino los estudiantes criticando, razonando, comprendiendo, compartiendo y actuando, ahí donde estén está la unam, ahí donde actúen, actúa el espíritu.

domingo, 5 de marzo de 2017

Persona como sistema dialéctico binario con cualidades emergentes 2a parte.



Persona como sistema dialéctico binario con cualidades emergentes.
·       Describir un problema y justificar por qué el pensamiento sistémico puede ayudar a resolverlo y no otro tipo de pensamiento como el reduccionista.
El problema básico que está detrás de la propuesta de la persona como sistema dialéctico binario es un problema de axiología. Las versiones clásicas de la axiología son u objetivistas o subjetivistas, si lo primero, o los objetos tienen características que los hacen valiosos por sí mismos y doblegan el deseo humano de manera necesaria y universal, de manera que todos debiéramos apreciar y desear el mismo objeto por las características intrínsecas del mismo; o los valores son objetos ideales y por tanto también universales, absolutos y necesarios que proyecta el ser humano en las cosas. Por otro lado, si lo segundo, los valores son relativos, particulares anidados en los caprichos y las emociones personales o la particular psicología de cada quien. Estas posturas han sido determinadas por el paradigma reduccionista imperante que, si bien ha dado buenos resultados en muchas áreas, no lo ha dado en la axiología.
Cuando trasladamos el problema a la temática de los derechos humanos como principios ético jurídicos con pretensión de universalidad el problema se exponencia. Tomo la idea de Rizieri Frondizi, quien su libro, ¿Qué son los valores?, intenta zanjar el problema aduciendo que son cualidades relacionales emergentes. Es decir, los valores son cualidades que no dependen sólo de la subjetividad o de las características objetivas del objeto, sino de una intersubjetividad situada.
El pensamiento sistémico es mucho más potente en su poder explicativo, para comprender la fenomenología de esta intersubjetividad situada y las cualidades relacionales que emergen de ella, que dependiendo de la funcionalidad o disfuncionalidad del sistema podríamos ver como derechos humanos o como relaciones de opresión. Así los derechos humanos escapan del absurdo reduccionismo normativista, lo mismo que el propio derecho y se pueden mirar como un fenómeno complejo, con las ventajas que de la mirada de la complejidad se derivarían.
·       Identifica y justifica por qué el sistema se detalla a cierta escala (micro, macro o meso).
El sistema se detalla a escala de la persona, pero entendida no como individuo, sino como sistema binario, que interdepende de otro como él para ser él mismo y ambos interdepende3n del entorno que está conformado por una cultura formada por la reproducción de las iteracciones intersubjetivas de todas las personas en sociedad. El modelo se reproduce similar a diferentes escalas, tanto hacia el interior como sistema psíquico que también interdepende de la otredad interiorizada como superyó, como hacia el exterior en la intersubjetividad situada y en las interdependencias de esa intersubjetividad, o sea aumentado a escala social, y puede replicarse el sistema a escala nacional, cultural y global, mirándose las diferentes escalas como fractales unos de otros.
La escala personal, interpersonal se justifica, porque es la media, meso, mínimo de comprensión, que permite la comprensión hacia la interioridad y hacia la exterioridad, ya que es la escala de la percepción de cada persona y del acontecimiento del fenómeno de manera perceptible.
·       Determina y describe claramente las interacciones relevantes.
La interacción más relevante ocurre a nivel interpersonal, aunque, insistimos, se reproduce hacia la interioridad y hacia la exterioridad en distintas escalas. El ser humano se abre en la expresión que lo pro-eyecta hacia afuera de sí al mundo, típicamente otro ser humano. Se abre también en la receptividad de la información, conocimiento, experiencia, de la expresión del otro, y en esta ida y vuelta de información ambos términos del sistema, ambas personas se redeterminan, ocurriendo una síntesis que los cambia a ambos y a la vez, sin homogenizarlos o igualarlos de manera homogénea, los hace comunes, los comunica y comunica el mundo, hace también común el mundo.
Hacia el interior la estructura del sistema está significada por el pathos, temperamento físico-biológico determinado por el genotipo que en un principio determina a su vez la acción; este pathos puede mirarse como el ello freudiano o pulsión de placer que busca evitar el sufrimiento y eliminar la fricción con el entorno, determinando una forma de hacer, una forma de vida (εθος) que a su vez redeterminará una forma de ser o carácter (ηθος). Otra parte sería la capacidad de consciencia de sí en el tiempo, del otro, del entorno, o logos (yo, en la terminología freudiana), que depende de la interiorización psíquica de la otredad o superyó, principio del deber o de autoridad, a través de la educación (in put y out put de información) para su funcionamiento adecuado, una percepción adecuada de la realidad. Idealmente el logos debe pasar a sustituir mayormente al pathos, en la determinación de la acción ya que esta acción hacia el exterior redeterminará a su vez la personalidad o carácter, la forma de ser en el mundo o ethos. Es decir, en la terminología aristotélica, nuestras acciones están determinadas por la búsqueda de la felicidad entendida como no fricción con el mundo, adaptación a éste y de éste; esta búsqueda es ciega e impulsiva y tardaría demasiado tiempo en dar buenos resultados por lo que sólo a través del compartir conocimientos y experiencias de otros (la herencia cultural), se despierta la consciencia para hacerlo de manera dirigida, de tal forma que se acelere el proceso y en el curso de una vida pueda lograrse la estabilidad del sistema. Somos lo que, con los otros, hacemos de nosotros, nuestra personalidad o carácter está determinado por lo que hacemos en nuestra interacción cotidiana con los demás.
·       Describe la dinámica, retroalimentación y emergencia entre los componentes del sistema.
Sí la educación o prealimentación social además de la prealimentación genotípica, en la interacción con los otros no se realiza de manera adecuada, de manera que las apreturas y cierres se den con las menores fricciones posibles, entonces la interiorización de la otredad o superyó puede ser inadecuada por exceso o por defecto, tendrá dificultades para medir la realidad, expectativas irreales, baja tolerancia a la frustración, tendencia a que el sistema se cierre manifestada como incapacidad para expresarse asertivamente. Eso hará que las relaciones con los otros sean de mayor fricción queriendo someterlos o siendo sometido por la otredad; la retroalimentación del sistema no se lleva a cabo de manera adecuada ya que no se efectúa una síntesis que preserve a ambas partes del sistema, sino que tiende a la homogenización e igualitarización; esto último no sería funcional y llevaría a la entropía y destrucción del sistema Es decir, el sistema es mayormente cerrado, no habiendo disposición al reconocimiento de sí ni del otro. Esta indisposición ocasionará la emergencia de cualidades relacionales disfuncionales, tipificadas como relaciones de opresión o cualidades opresivas, exclusión del otro en la comunicación, marginación de lo común, explotación de fuerzas, imposición de ideologías para preservar la relación e dominio y violencia de todo tipo. No existe la capacidad emocional de empatía, reconocimiento y respeto del otro y exigencia asertiva de dicho reconocimiento y respeto.
Si la retroalimentación es adecuada, habiendo una redeterminación de ambas partes, con una síntesis que no homogeniza sino que aumenta con la otredad preservando la autenticidad, la educación crítica y completa incluyendo educación emocional en resiliencia y asertividad, el sistema funciona de manera adecuada con tolerancia a la frustración y redeterminación de la impotencia que cierran el sistema, existe un adecuado reconocimiento del otro y respeto de la diferencia. Las cualidades relacionales que emergen de este tipo de relaciones funcionales son las contrarias de la opresión, con aumento de poder de transformación y elección, dignidad, emancipación, libertad, inclusión, deliberación, asertividad, capacidad de negociación.
·       Describe y justifica el tipo de sistema (frágil, robusto o antifrágil).
El sistema dialéctico binario puede ser las tres. Típicamente es frágil en la infancia, pequeños cambios generarían grandes cambios en el sistema, en la persona; en esta etapa de evolución del sistema es deseable mantener la estabilidad y funcionalidad del mismo mediante cambios en ambiente controlado, es decir, el ambiente debe presentar pocos cambios para preservar la funcionalidad del sistema. Eventualmente se vuelve robusto, preserva su funcionalidad ante grandes cambios. Lo ideal es que el sistema sea antifrágil, es decir, no sólo que preserve su funcionalidad ante los cambios, sino que mejore su funcionalidad con los mismos, con la capacidad de transformación que llamamos dignidad como cualidad emergente del sistema, así lograría preservar su autenticidad, pero redeterminándose con las retroalimentaciones de la diversidad de la otredad. Esto logra que el sistema preserve la diversidad, la incluya, y a la vez permita la identificación en la igualdad, la común unión sin homogenización entrópica.
·       En las conclusiones, determina la pertinencia del uso del pensamiento sistémico para la solución del problema, así como los beneficios de su aplicación en tu vida cotidiana.
Creo que sólo la teoría de sistemas complejos es capaz de explicar la complejidad del ser humano y sus relaciones entre sí mismo en el tiempo, relaciones con los otros múltiples y diferentes, y relaciones con el entorno, típicamente ecosistema. Es una forma de entender a demás cómo emergen cualidades funcionales y disfuncionales que llamamos valores o disvalores ya sea que funcionalicen el sistema o lo hagan disfuncional. Esto no se logra con la axiología típica de la modernidad reduccionista, pero se explica muy bien con la teoría de sistemas.
Me ha sido muy útil en mi actividad académica para explicar derechos humanos no como conceptos construidos por la subjetividad de la cultura occidental y por tanto con riesgo de ideologizarse e imponerse a otras culturas como patrimonio universal. También escapa a la objetivación absurda de situarlos fuera de la historia como derechos naturaleza, ya de la naturaleza ya divinos. Permite ver la emergencia de los mismos en la fenomenología propia de la ontología del ser humano, es decir, como cualidades de un sistema funcional, dialéctico y binario. Creo que este enfoque es mucho mejor que un enfoque tradicional normativista y mucho mejor que un positivismo jurídico, tiene una mayor pretensión de universalidad abierta a la redeterminación por la antropología cultural y el diálogo intercultural, permitiendo un mejor contraste de acciones humanas que atentan contra los derechos humanos y la humanidad en general.