viernes, 27 de septiembre de 2013

Teoría generacional y teoría unitaria de los derechos humanos.

Frente a la teoría general de los derechos humanos y teniendo como marco principalmente la Declaración y programa de acción de Viena de 1993, se ha ido configurando una teoría unitaria de los derechos humanos que intenta subsanar algunos de los principales problemas que resultan de la teoría generacional. Entre estos últimos problemas se encuentra, primero que la teoría generacional tiene un signo marcadamente historicista que la hace emparentar con un positivismo fuerte, es decir, al surgir los derechos humanos históricamente en el siglo XVIII, en la modernidad, se asume que el fenómeno que designa el concepto no existía antes de la aparición del mismo concepto, confundiendo concepto y fenómeno como si fueran la misma cosa. Efectivamente el concepto es construido socialmente y positivo o puesto por los seres humanos para designar un fenómeno del que algunos aspectos no eran visibles, por ignorancia, por no tener los instrumentos cognitivos suficientes para percibirlos, por reduccionismo (reducir el fenómeno a alguno de sus elementos); cuando esos aspectos se vuelven visibles, los conceptos o “etiquetas” con los que se señalan o designan las diferentes dimensiones de un fenómeno cambian. El problema que señalamos de la teoría generacional es que confunde el fenómeno con el concepto y hace parecer que antes de la aparición del concepto no existía el fenómeno, cuando lo más probable sea que gracias a diferentes perspectivas cognitivas se vieron dimensiones del fenómeno que antes no se veían y el concepto sufrió transformaciones para abarcar esas “nuevas” realidades (nuevas obviamente entre comillas). Lo que propone la teoría unitaria a este respecto es que el fenómeno designado por diferentes conceptos (derecho natural, derechos humanos, derechos fundamentales) a través de la historia es el mismo con diferentes dimensiones según la perspectiva relacional que se asuma respecto al fenómeno. El fenómeno es, simplemente, las relaciones humanas que se presentan como justas o injustas, funcionales o disfuncionales, dispuestas o indispuestas.
                  El siguiente problema es que la teoría generacional hace aparecer a los derechos humanos como múltiples tipos de “objetos esenciales” o esencias que tienen los seres humanos (teoría esencialista); así se tiene derecho a la vida, derecho a la libertad genérica, derecho a las libertades particulares (de pensamiento, de expresión, de asociación, etcétera). La teoría axiológica tradicional estándar de la modernidad acerca de los valores, indica que éstos son efectivamente “objetos ideales”, “seres esenciales” que existen por cuenta propia y que “parasitan” los objetos materiales confiriéndoles valor y transformándolos en bienes. Desde esta perspectiva, los derechos humanos son valores esenciales de los seres humanos que no dependen de ninguna situación externa por que son objetivos, intrínsecos y por tanto absolutos, pero ¿cómo podrían ser absolutos, si siendo múltiples son relativos entre sí por lo menos, siendo además evidente que dependen en alguna medida de la situación (el oro para valer depende de estar en Wall Street o en una isla desierta y de que seres humanos se relacionen con él)? y ¿si son esencias u objetos ideales preexistentes a las situaciones empíricas ¿dónde se encontraban antes de incardinar en los seres humanos, antes de que los seres humanos existieran, o antes de que el homo erectus evolucionara en homo sapiens? Por esta vía volvemos al historicismo fuerte que indica que en ciertas épocas, antes de las declaraciones no existían y que, en el extremo, existen por ser declarados o puestos por el hombre identificándolos como derechos positivos.
                  Relacionado con lo anterior, también la teoría generacional tiene la dificultad de que al presentar diferentes generaciones de derechos humanos con sus diferentes y sendos catálogos hace parecer que son derechos sí, genéricamente humanos, pero específicamente “individuales”, “sociales” y “de solidaridad”, con diferentes fechas de “aparición” histórica (1789, 1917, 1989 –dependiendo del autor) y que el incumplimiento o falta de vigencia sociológica de una generación o de un derecho no afecta al cumplimiento o vigencia de los demás, es decir, que se pueden violar p.e. los derechos sociales sin violentar los individuales.

                  La teoría unitaria indica que todos los derechos son indivisibles e interdependientes y que las diferentes denominaciones o conceptos (i.e. derecho a la vida, derecho a una vivienda digna, derecho a u medio ambiente digno) son diferentes etiquetas que designan diferentes dimensiones de un mismo fenómeno, las relaciones humanas justas. Desde esta perspectiva cabría hablar únicamente de derecho humano en singular, con diferentes aspectos según nos concentremos en una dimensión u otra de las relaciones humanas. Así, las generaciones de derechos humanos aparecen más bien como “concéntricas” pero no separadas entre sí, sino que cada generación permanece en la siguiente y las siguientes generaciones están imbricadas en las anteriores, por lo que todos los derechos de todas las generaciones serían al mismo tiempo “individuales”, “sociales” y “transpersonales” (que van más allá de la dependencia al rol social que juegue la persona o la “máscara” que lleve puesta y penetran hasta el “rostro” o humanidad misma de todos los seres humanos, esa humanidad que es individual de cada ser humano y a la vez pertenece a los grupos sociales y a la humanidad entera como conjunto universal concreto). Entonces, la violación de un derecho de tercera generación como p.e. el derecho al medio ambiente digno afecta con mayor o menor intensidad, incide y por lo mismo también vulnera, todos los otros aspectos o derechos de la vida humana, p.e. para ser más concretos, afectaría el derecho a una vivienda digna (el medio ambiente en general, el ecosistema y el planeta es nuestra “vivienda ampliada”) y afectaría el derecho a la vida por cuanto la vulneración de éste derecho no es nada más la privación de la vida biológica (la muerte) sino la no preservación de las condiciones necesarias para una vida digna como lo son una vivienda y un medio ambiente dignos. Otro ejemplo podría ser que cuando nos vulneran el derecho a la libre expresión también nos vulneran el derecho a la vida digna pues el ser humano para vivir, y para vivir bien, necesita “expresarse”, pro-yectarse y salir de sí comunicándose y haciéndose común con sus semejantes. La teoría unitaria indica pues que los derechos humanos y las diferentes generaciones que los agrupan son sólo designaciones más o menos afortunadas mejor o peor definidas según la evolución histórica del conocimiento de un solo fenómeno complejo y compuesto por el cúmulo de relaciones humanas que hacen posible la vida digna y plena de todos los seres humanos.

miércoles, 19 de junio de 2013

http://www.revistas.unam.mx/index.php/amicus/issue/view/3091/showToc

Publicación de artículo en Amicus Curiae, revista electrónica de la Facultad de Derecho de la UNAM.
Dejo la liga de la revista Amicus Curiae, donde en su número 2 del volumen 2 de 2013, me han honrado publicándome el artículo "Reflexiones sobre la Filosofía de la libertad y la filosofía de la igualdad", espero sea de interés: http://www.revistas.unam.mx/index.php/amicus/issue/view/3091/showToc

jueves, 6 de junio de 2013

Sobre la legitimación de la autoridad y la división entre gobernantes y gobernados. Respuesta a un alumno de filosofía del derecho.

La etimología de la palabra autoridad nos da la pista su significado; su etimología es una raíz latina: "augere" que quiere decir "crecer", una autoridad es la que cumple con las obligaciones, y deberes, la que responde a nuestra presencia haciéndonos crecer o por lo menos produciendo las condiciones de posibilidad para que podamos desarrollarnos como seres humanos, como personas plenas; una autoridad se deslegitima cuando no produce esas condiciones de posibilidad y se legitima cuando produce por lo menos las mínimas condiciones de posibilidad que son los derechos humanos, por lo que todos los servidores públicos (género) incluidas todas las autoridades (especie de servidor público con facultades resolutivas o de dominio), y todo el Estado en general (incluidos todas las personas particulares), tienen las obligaciones de promover, proteger, respetar, garantizar, los derechos humanos, así como prevenir, investigar, sancionar y reparar cualquier violación a los mismos.

La teoría tradicional del Estado indica que éste se integra por territorio, población, soberanía, orden jurídico y gobierno, y que éste último se divide a su vez en gobernantes y gobernados. Los gobernantes eran las autoridades con facultades ejecutivas o resolutivas, y los gobernados eran los sometidos a esas autoridades gobernantes. En la democracia eso se daba en virtud de que los gobernados se sometían voluntariamente a los gobernantes a los cuales pasaban el poder para gobernar mediante una cesión de derechos. Pero es una visión errónea del Estado. El Estado en principio somos todos nosotros, y en una democracia las autoridades lo son no por una cesión de poder, sino por un mandato con poder limitado para actos de dominio. El poder para ejercer dominio no es un derecho de la autoridad, ni siquiera un derecho cedido por el pueblo, sino una obligación dada por una orden de quien detenta originariamente la soberanía. En la teoría actual hablamos solamente de gobierno, y éste se divide en gobernantes o mandantes, y "servidores" o mandatarios (el presidente es el primer mandatario, el primero que nos hace los mandados); los primeros, no son las autoridades sino el pueblo del que emana el poder o soberanía y que por virtud de un mandato delega poder en sus representantes que son sacados del mismo pueblo por elección popular; estos representantes con autoridad por mandato, no gobiernan, pues no mandan, no son mandantes, son mandatarios, son servidores públicos, y su dominio es limitado al mandato. El mandante, el gobernante, quien "gobierna" es el pueblo. Esta teoría no es ociosa, por más que la realidad la contradiga, pues permite evidenciar que lo que actualmente vivimos en la mayoría de los países de occidente y del mundo, y sobre todo en nuestro país es una farsa; la casta política ha secuestrado el poder, ha traicionado el mandato y se arroga el derecho de gobernar, no la obligación de servir, de hacer crecer y permitir desarrollarse al mandante originario que es el pueblo, las personas, los seres humanos que son la única razón de ser del Estado, la única razón de Estado válida.

sábado, 1 de junio de 2013

GULLIVER EXPLICA EL "ETHOS" DE LA GREY ABOGADIL...


GULLIVER EXPLICA EL "ETHOS" DE LA GREY ABOGADIL "en todas las materias ajenas a su oficio eran ordinariamente el linaje más ignorante y estúpido; los más despreciables en las conversaciones corrientes, enemigos declarados de la ciencia y el estudio e inducidos a pervertir la razón general de la Humanidad en todos los sujetos de razonamiento". CUIDADO QUERIDOS COLEGAS ABOGADOS, ESTO PASA CUANDO SE QUEDA UNO EN EL NIVEL TÉCNICO AL QUE PROPENDE EL MODELO IUSPOSITIVISTA QUE NOS OPRIME Y QUE PROPICIA, ADEMÁS DE LA SANA SEPARACIÓN ENTRE DERECHO Y MORAL, LA INSANA SEPARACIÓN ENTRE DERECHO Y ÉTICA, ENTRE DERECHO Y JUSTICIA, ENTRE DERECHO Y HUMANIDAD, ENTRE DERECHO Y LIBERTAD...

"Díjele que entre nosotros existía una sociedad de hombres educados desde su juventud en el arte de probar con palabras multiplicadas al efecto que lo blanco es negro y lo negro es blanco, según para lo que se les paga. «El resto de las gentes son esclavas de esta sociedad. Por ejemplo: si mi vecino quiere mi vaca, asalaria un abogado que pruebe que debe quitarme la vaca. Entonces yo tengo que asalariar otro para que defienda mi derecho, pues va contra todas las reglas de la ley que se permita a nadie hablar por si mismo. Ahora bien; en este caso, yo, que soy el propietario legítimo, tengo dos desventajas. La primera es que, como mi abogado se ha ejercitado casi desde su cuna en defender la falsedad, cuando quiere abogar por la justicia -oficio que no le es natural- lo hace siempre con gran torpeza, si no con mala fe. La segunda desventaja es que mi abogado debe proceder con gran precaución, pues de otro modo le reprenderán los jueces y le aborrecerán sus colegas, como a quien degrada el ejercicio de la ley. No tengo, pues, sino dos medios para defender mi vaca. El primero es ganarme al abogado de mi adversario con un estipendio doble, que le haga traicionar a su cliente insinuando que la justicia está de su parte. El segundo procedimiento es que mi abogado dé a mi causa tanta apariencia de injusticia como le sea posible, reconociendo que la vaca pertenece a mi adversario; y esto, si se hace diestramente, conquistará sin duda, el favor del tribunal. Ahora debe saber su señoría que estos jueces son las personas designadas para decidir en todos los litigios sobre propiedad, así como para entender en todas las acusaciones contra criminales, y que se los saca de entre los abogados más hábiles cuando se han hecho viejos o perezosos; y como durante toda su vida se han inclinado en contra de la verdad y de la equidad, es para ellos tan necesario favorecer el fraude, el perjurio y la vejación, que yo he sabido de varios que prefirieron rechazar un pingüe soborno de la parte a que asistía la justicia a injuriar a la Facultad haciendo cosa impropia de la naturaleza de su oficio. »

Es máxima entre estos abogados que cualquier cosa que se haya hecho ya antes puede volver a hacerse legalmente, y, por lo tanto, tienen cuidado especial en guardar memoria de todas las determinaciones anteriormente tomadas contra la justicia común y contra la razón corriente de la Humanidad. Las exhiben, bajo el nombre de precedentes, como autoridades para justificar las opiniones más inicuas, y los jueces no dejan nunca de fallar de conformidad con ellas. »Cuando defienden una causa evitan diligentemente todo lo que sea entrar en los fundamentos de ella; pero se detienen, alborotadores, violentos y fatigosos, sobre todas las circunstancias que no hacen al caso. En el antes mencionado, por ejemplo, no procurarán nunca averiguar qué derechos o títulos tiene mi adversario sobre mi vaca; pero discutirán si dicha vaca es colorada o negra, si tiene los cuernos largos o cortos, si el campo donde la llevo a pastar es redondo o cuadrado, si se la ordeña dentro o fuera de casa, a qué enfermedades está sujeta y otros puntos análogos. Después de lo cual consultarán precedentes, aplazarán la causa una vez y otra, y a los diez, o los veinte, o los treinta años, se llegará a la conclusión. »

Asimismo debe consignarse que esta sociedad tiene una jerigonza y jerga particular para su uso, que ninguno de los demás mortales puede entender, y en la cual están escritas todas las leyes, que los abogados se cuidan muy especialmente de multiplicar. Con lo que han conseguido confundir totalmente la esencia misma de la verdad y la mentira, la razón y la sinrazón, de tal modo que se tardará treinta años en decidir si el campo que me han dejado mis antecesores de seis generaciones me pertenece a mí o pertenece a un extraño que está a trescientas millas de distancia. »

En los procesos de personas acusadas de crímenes contra el Estado, el método es mucho más corto y recomendable: el juez manda primero a sondear la disposición de quienes disfrutan el poder, y luego puede con toda comodidad ahorcar o absolver al criminal, cumpliendo rigurosamente todas las debidas formas legales.»

Aquí mi amo interrumpió diciendo que era una lástima que seres dotados de tan prodigiosas habilidades de entendimiento como estos abogados habían de ser, según el retrato que yo de ellos hacía, no se dedicasen más bien a instruir a los demás en sabiduría y ciencia. En respuesta a lo cual aseguré a su señoría que en todas las materias ajenas a su oficio eran ordinariamente el linaje más ignorante y estúpido; los más despreciables en las conversaciones corrientes, enemigos declarados de la ciencia y el estudio e inducidos a pervertir la razón general de la Humanidad en todos los sujetos de razonamiento, igual que en los que caen dentro de su profesión."

Fragmento, Los viajes de Gulliver de Johnathan Swift, Parte IV, Capítulo 5

lunes, 24 de diciembre de 2012

Yo no creo.

Supongo (no sólo lo supongo, lo sé, para mi es una certeza, pero me es más beneficioso suponer, hacer como si mi asunción, fuera relativa; mi certeza no deja de ser una creencia, en un nivel muy general, tan dogmática como cualquier otra), que las creencias e ideas, símbolos y signos de está época no sólo significan, según algunos, en su creencia, hechos reales ocurridos y que ocurrirán (nacimiento de un poder superior o una divinidad que nos salvará a todos del sufirmiento, no sin antes pasar por un buen apocalipsis, claro); que no sólo significan según otros, en sus otras respectivas creencias (y gracias al desplazamiento de los símbolos sobre los fenómenos significantes) el uso instrumental y manipulador de una cultura afirmativa que obliga a adquirir fraternidad, amor, compañía, magia, felicidad, etcétera, a través del consumo compulsivo de productos altamente destructivos e insustentables que transforman la realidad material, destruyéndola, en capital acumulado en ceros y unos de computadora financiera. Pero supongo también que los símbolos significan algo más universal que los signos dominantes y opresores. Que significan algo que, aun en mi incredulidad y mis propias creencias (hasta la creencia en la incredulidad es eso, creencia), puedo comulgar con; es decir, el deseo del cese inmediato del sufrimiento y la insatisfacción, del dominio y la opresión, de la violencia; el deseo del acontecimiento inmediato de la fraternidad y la religación, de la común unión espiritual, en la responsabilidad y la libertad, de la liberación y la iluminación de la humanidad. Cualquier día y momento es bueno para conmemorar y desear eso y si unos signos de un credo o de otro lo celebran hoy, y otros lo celebran cualquier otro día Salud! Yo lo celebro y brindo con ellos!!!!

viernes, 8 de junio de 2012

Ante la situación política actual y con motivo del affair de The Guardian


Espero no ofender, sin embargo, diré cosas que me parecen ofensivas por sí solas; intentaré decirlas con humildad. Y tengo que agregar, con Sabines, que “no lo sé de cierto, pero supongo”…
“The Guardian” es un diario británico, país cuyo gobierno acaba de mandar un submarino con capacidad nuclear a las Malvinas. Sí, supongo que como diario tiene cierta independencia, pues está en el sistema del modelo liberal que pone a la libre empresa y la libertad de expresión por encima de todo. La libertad y la igualdad individuales. Supongo que no ponen en riesgo la libertad de expresión de la reportera ni la secrecía y protección de las fuentes, y que tenga, como diario, cierto margen de credibilidad. Pero no olvidemos que no deja de ser una libre empresa con intereses económicos y alianzas económicas de todo tipo, hasta las políticas, que en el sistema neoliberal son lo mismo que económicas.
Ese sistema liberal o neoliberal, el sistema capitalista de consumo adictivo que lideran países como EU e Inglaterra, es el mismo que ha dado pruebas de ser un rotundo fracaso. Su taza de éxito probado, comprobado y aceptado por el propio sistema –es parte de su “diseño”- es de un 10 % de muy ricos que acapara todas las ganancias del sistema convirtiendo todo lo que toca, como rey midas, en capital. Literalmente convierte el sistema, al planeta, en ceros y unos en cuentas electrónicas en bancos y financieras trasnacionales.
Una de las promesas del sistema liberal –en el nombre lleva la ironía- es la libertad individual. Si vamos de nuevo a las estadísticas vemos que ni los que, ni a los que están, en ese 10% les ha sido cumplida. Son esclavos de su egoísmo y de su avaricia, avidez y apego. Son esclavos de su consumo –como dijo Bush, EU es adicto al petróleo, entre otros aderezos.
Es el mismo sistema “liberal”, ya puedo entrecomillarlo, de “libertades”, que probó su ineficiencia en proporcionar libertad, en el 2008, y su eficiencia en crear capital además de mezquindad y resentimiento. Grecia y España en la quiebra lo atestiguan. El mismo que probó su ineficiencia en 1929; y probaría que se rehabilita mejor cuando hay guerras en las que es más eficiente, y si son mundiales, más aún, pues acumula capital vendiendo armas. Es el sistema de explotación imperialista y colonialista que ha creado un 90% de desposeídos y esclavizados, simple carne de cañón y batería para la maquinaria de producción de capital (para este 2012, a esta hora del día, la trata de personas con fines de explotación y la taza de masacres y genocidios de diverso tipo se van extendiendo en el panorama mundial) y cuya mayor virtud es la eficacia en la explotación de recursos oprimiendo y parasitando. Entre sus mejores creaciones vemos desde niños soldados y mineros en áfrica que zombies consumistas en Santa fe, Interlomas o Polanco. La explotación europea de América –recordemos a la Standar Oli, la Bush Texas Co. (“Americana”), la Shell y la mismísima British Petroleum que tantas porquerías andan haciendo por aquí y por ahí en esta nueva división geopolítica Norte rico Sur pobre y esclavo de Norte rico.
Suena rojo, comunistoide, chavista, castrista. Pero lamento saber que el comunismo nunca pisó la tierra. Lo que desoló Europa del Este no fue el socialismo ni el comunismo. Fue el Stalinismo. Una especie de capitalismo de estado combinado con fascismo que ha sido uno de los regímenes más asesinos y genocidas de la historia. Seguida del maoísmo chino, también capitalismo de estado y totalitarismo genocida. Excepto por unas cuantas excepciones autóctonas ancestrales sin parentesco con el marxismo y más con el comunitarismo, y de intentos dignos y semi dignos como el de Allende y Da Silva, el comunismo no ha tocado la tierra. Los brotes auténticos de, para usar otras palabras, justicia social y democracia de autoridades compartidas que se dieron aquí y allá, por ejemplo en Latinoamérica en los sesentas, fueron masacrados y “condoreados” por el sistema capitalista de consumo, y cambiados por los pinochetes, los videlas, los noriegas, los husseines y diversos dictadorzuelos conservadores de… el capital. Y en África otro tanto.
Muy probablemente –en mi imaginación- “The Guardian” mienta, y sea exactamente igual que televisa y haga lo mismo de lo que acusa, es decir, que haya sido contratado por alguna financiera trasnacional británica para favorecer sus intereses y sus acuerdos en México. Intereses y acuerdos con los que estará comprometido cualquier otro color de partido y cualquier otro candidato. Y si bien Televisa es una “empresa de comunicaciones” en el fondo es lo mismo, acumulación de capital, porque el sistema cree que hasta el poder se puede y tiene que comprar o arrebatar a golpes (el poder, por lo menos el poder de los seres humanos, insignificante criatura en la bastedad del universo y del tiempo, es eso, ser “humanos y no inhumanos o bárbaros”, eso es lo que podemos y debemos).
Y ese es el meollo del asunto. No vivimos en una democracia sino en una partidocracia y una oligarquía y cualquiera de los colores de cualquiera de los partidos responde a intereses de las financieras trasnacionales en sus diversas caras. Si un color tiene compromisos con una, otro partido lo tiene con otra, pues desde hace algún tiempo los negocios de explotación de recursos materiales y humanos –a muy bajo precio, una ganga, sólo deposítelo en mi cuenta personal- no se contratan entre Estados y Gobiernos directamente, sino que éstos, los gobiernos son meros servidores de… los intereses financieros trasnacionales. Viene a mi memoria el artículo donde se exponían esas empresas con nombre y apellido y las múltiples relaciones que tienen entre sí. Hace mucho que los gobiernos no trabajan para sus pueblos, por lo menos no para todos, y si para ese 10% del pueblo mexicano. Todos los colores están comprometidos y algunos de nosotros también pues nos aferramos a un color u a otro para conservar nuestras prebendas o lo poco que aun se tiene, de perdida la vida.
Ha sido muy aleccionador intentar cumplir mi voto de no vituperar en contra de ningún color, y si bien he fallado en varias ocasiones, por lo menos me ha permitido ver como algunos –muy pocos para la gran fortuna de nuestra humanidad y mexicanidad común, igual y libre y digna- han seguido mi mal ejemplo y vituperan contra los colores contrarios, cual si de partido de futbol con inchas hoolliganezcos se tratase. Desacreditan y escarnecen al contrario y a todo el que tenga hasta alguna leve intensión de estar ligado a esos colores. Responden las acusaciones de corrupción, tanto un bando como él otro cualquiera, argumentando desde el ego herido y con resentimiento; descalificando al “contrario”, probablemente otro ser humano del 90%, con falacias ad hominen, y con las generalizaciones más groseras “todos los que siguen a tal o cual son unos tales por cuales” y “el tuyo también lo hace”. Y claro que todos lo hacen, todos tienen compromisos con ese 10% de la población, nacional o trasnacional, que detenta el 90% de la riqueza del país, despojando y dejando al otro 90% de la población que sobrevive con el 10% restante (mis números son “imaginados” por supuesto).
Bajo mi percepción obtusa, hay un color que también tiene, entre otros compromisos como los otros colores, representación de intereses con esa parte de la población –claro, ese 10% también es pueblo y merece ser representado “dignamente”- pero al que los opresores le tienen un poco de aversión, por el temor, no del todo infundado, de que se pueda convertir en un dictador fascistoide, o peor aún, que realmente intente alguna locura, aunque sea poquita, de justicia social.
Más personalmente creo que si algunos ejerciéramos nuestro poder de ser humanos y no inhumanos ni deshumanizándonos unos a otros; nuestro poder de amar la humanidad –la libertad y la dignidad que son sinónimos- tanto en mi persona como en la persona del otro que me hace persona, no estaríamos metidos en esta porqueriza y estercolero que se ha dado en denominar contienda política y democracia. Imagino el día en que pueda ser un poquito coherente conmigo mismo y llevar la democracia, la libertad, la dignidad, la humanidad, a nivel de tierra, al nivel del uno a uno, del día a día y no derrocharla inútilmente y con mucho sufrimiento e ignorancia, en una farsa sexenal. Creo que eso sucederá cuando asuma que mi libertad está condicionada por mi responsabilidad y que esa siempre es con el otro, aun con el otro de otro color político, y deje de quitarle lo suyo consumiendo “productos” superfluos. (“Nadie tendrá derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de lo estricto” decía Salvador Díaz Mirón, ilustre poeta y diputado, de cuando el Congreso de la Unión estaba lleno de próceres y no de servidores de intereses trasnacionales genocidas).
Realmente desearía que esta opinión fuera olvidada al momento mismo de leerse, y si no fuera así, por lo menos que sea de algún beneficio.

domingo, 22 de agosto de 2010

Aclaración sobre definición epistemológica de la ética.

Aclaración de la definición epistemológica o moderna de la ética.

La tradición en la investigación científica, desde Aristóteles hasta nuestros días y con un principal acento en la modernidad –período de la historia de la filosofía, del conocimiento o, inclusive de la historia occidental misma que comienza en 1632, con la publicación del Discurso del Método de René Descartes- indica que ante un nuevo objeto que se presenta al conocimiento (que desconocemos y del cual queremos conocer su ser, saber que cosa es) lo primero que tenemos que hacer es definirlo, esto es, ponerle límites, saber dónde termina, cuáles son sus fines (en ambos sentidos de finalidad u objetivo y de final o término). Un vez que lo hemos definido podemos hacer abstracción de sus particularidades y formular un concepto del mismo objeto quedándonos con lo que le es esencial y descubriendo así su ser, el cual aprehendemos.

Al aproximarnos a lo que sea la ética, procedemos de la misma forma, la definimos, trazamos sus límites y la conceptualizamos para conocer qué es la ética, cuál es su ser. Queremos conocer qué es la ética y por tanto le llamamos definición epistemológica para distinguirla de otras definiciones. Sin embargo, es menester aclarar de una vez que las definiciones que intentemos –epistemológica, ontológica y etimológica- están relacionadas y que todas, en última instancia son “epistemológicas” pues lo que estamos haciendo es conocer nuestro objeto de estudio, en este caso, la ética. Le llamamos definición epistemológica en razón de que la epistemología es la teoría del conocimiento y lo que queremos hacer es conocer la ética. También le llamamos así, porque la respuesta en la modernidad a la pregunta sobre el ser de la ética es que ésta es la ciencia de la moral. Ciencia en griego se dice episteme, es decir, conocimiento; la ética es el conocimiento de la moral.

Entonces descubrimos que no hemos resuelto nuestro problema y que en lugar de comprender qué es la ética ahora tenemos que comprender también que sea la moral. Y ésta es, desde su etimología latina (y aquí ya estamos en las definiciones etimológicas, las definiciones que indagan sobre el origen de las palabras), parcialmente costumbres. Moral proviene del latín mor, mores, que significa “modo”, “forma” o “manera”, principalmente de hacer, es decir, originalmente es la manera en que se hace algo. Existen a la vez, diversas formas o maneras de calificar ese hacer según diversos criterios. Podemos en algunos respectos, calificarlos de buenos o malos, podemos decir de ellos que están bien o mal. La manera en que se hace algo es lo que llamamos conducta, una persona se conduce de tal o cual manera que calificamos de buena o mala según un patrón o criterio previamente establecido, este patrón o criterio es, una norma, una norma moral, una norma de conducta. Si la forma de hacer de una persona se adecua a esa norma diremos que actuó bien, sino, diremos que actúo o que su conducta fue mala.

Entonces, la ética es el estudio (ciencia, conocimiento) de lo que pueda ser bueno o malo según patrones universales a los que se ha abstraído sus particularidades. Esto último quiere decir, que una norma de conducta o patrón de actuación o forma o manera de hacer las cosas, es particular según circunstancias de tiempo y espacio. No son las mismas normas morales o las mismas costumbres en México que en China, ni inclusive en Alvarado, Veracruz que en Morelia, Michoacán (lo que para los alvaradeños es un saludo, para los morelianos es un insulto digno de excomunión); y no son las mismas costumbres del México del siglo XVI a las del México del silgo XXI. La ciencia de la moral o ética, procede analizando, observando, describiendo las morales particulares, los sistemas normativos o costumbres o modos de conducta o de calificar como buenas o malas, justas o injustas las conductas, de diversos lugares, haciendo abstracción de sus particularidades para compararlas y ver que tienen de común, y así inducir principios y conceptos universales de los que sea lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo debido y lo indebido, más allá de un tiempo y espacio determinados.

Repetimos. Esta definición de ética es una definición epistemológica por dos razones, por que se refiere al conocimiento de la ética como ciencia de la moral y porque se refiere a los principios y conceptos universales de la moral, los patrones o normas o criterios universales con los qué calificar toda conducta humana de buena o mala, etc. Insistimos en que es una definición moderna pues el punto de vista propio de la modernidad es el punto de vista científico o epistemológico, que revela la pretensión moderna de conocer todo mediante la razón y el método científico, para lo cuál toma como objetos de la realidad únicamente lo que puede ser “observado”, es decir, medido cuantitativamente, en medidas matemáticas o cuasi matemáticas o lógicas, por lo que, en el caso de la ética, tiene que tener como objeto, las conductas efectivas y los patrones de conducta establecidos para ellas como “hechos” y estos “hechos” son tratados como “cosas” reales o empíricas, aprensibles por los sentidos.

Sin embargo, aquí se empiezan a revelar las limitaciones de esta definición epistemológica moderna. Primeramente por que no es a lo único que se le llama ética, sino que también a la crítica de los principios y supuestos, extraídos por inducción de las morales positivas o particulares, que realiza la ciencia de la moral o ética, se le llama ética. Y si esto parece un galimatías es por que así es. Se le llama ética a la ciencia de la moral. Y también se le llama ética a la filosofía moral, que desde este mismo punto de vista de la epistemología moderna, es una epistemología crítica que critica los principios y argumentos de la ciencia de la moral, así como sus métodos, en el afán de afinarlos y perfeccionarlos y adaptarlos al corpus del resto del conocimiento científico. La filosofía moral o ética en sentido filosófico, es una reflexión crítica de segundo nivel (el nivel cero es el nivel de la moral positiva, el nivel de las conductas efectivas realizadas según patrones o normas morales o costumbres que por determinar efectivamente esas conductas son, a su vez efectivas o “positivas”, mensurables, visibles, aprehensibles “científicamente”; el nivel uno es el nivel de la ciencia que estudia esas conductas y esos patrones para extraer inductivamente los principios universales) que reflexiona o critica los descubrimientos y resultados y la forma de realizarlos de la ciencia de la moral.

Ahora bien. La ciencia moderna procede a través de los métodos de inducción y deducción con auxilio de la lógica formal y de la axiomática (los principios de una ciencia son axiomas autoevidentes, o evidentes por si mismos). Una vez que ha establecido principios, procede a la contrastación de proposiciones o hipótesis sobre la realidad verificándolas contra esos principios. Si la hipótesis es validada por el principio entonces esa hipótesis o proposición sobre la realidad es verdadera y sino es falsa. Por ejemplo. Podemos tener dos enunciados sobre la realidad para los que el principio o axioma evidente sea la realidad misma que se nos presenta sin ningún misterio. Tenemos los enunciados “Las sillas del salón D104 son rosa mexicano” y la propuesta “Las sillas del salón D104 son negras”, obviamente son enunciados contrarios que no pueden ser ambos verdaderos al mismo tiempo (tendrían que referirse a diferente lugar o a diferente tiempo para ser ambos verdaderos), por lo que una vez que he verificado uno de ellos, validándolo al contrastarlo con el principio o axioma, en este caso la realidad misma, es decir, las propias sillas del salón D 104, automáticamente el contrario resulta invalidado y lo puedo tomar por falso. En este caso resulta que efectivamente las sillas del salón D104 son negras, por lo que el primer enunciado, que dice que son rosa mexicano, es falso y el que dice que son negras es verdadero. El enunciado falso es eliminado del sistema.

Cuando definimos a la ética como ciencia de la moral desde el punto de vista de la modernidad, estamos diciendo que, como tal ciencia, procede mediante esta misma metodología y esta misma lógica, es decir, que buscará un principio o axioma con el cual contrastar proposiciones morales para verificar si son verdaderas o falsas eliminando a la falsa del sistema. Lo preocupante en ética y moral, es que, detrás de cada proposición siempre hay un proponente que la sostiene y cree en ella. Tenemos dos proposiciones contrarias: “Es bueno, justo y debido matar judíos” y “Es malo injusto e indebido matar judíos”; desde nuestro sistema de referencia, según nuestros principios o axiomas que a nosotros nos resultan evidentes, principalmente porque creemos en ellos, el primer enunciado resulta aberrante pues, bajo ninguna (o casi ninguna, y aquí introducimos otro sistema de creencias con otro principio o axioma a la cabeza, con otro criterio de descarte y contrastación de conductas) circunstancia es bueno o justo o debido matar a los judíos ni a ningún ser humano. Pero bajo otro sistema de referencia (con el cual referenciar o verificar el enunciado), i.e. el sistema nazi, es perfectamente justo matar judíos; y aún cuando el sistema nazi pueda conceder que efectivamente no se debe y es malo e injusto matar seres humanos, puede seguir sosteniendo que es justo matar judíos introduciendo otro principio o axioma que a ellos resulta evidente (y somos unos torpes cortos de miras e intelecto por no ver, con toda su evidencia, tal como ellos lo ven y tal como cualquiera puede ver que la tierra no se mueve y que es el sol el que gira alrededor de ella pues es evidente que sale por un lado y se esconde por otro), como podría ser que los judíos no son seres humanos y que por eso se les puede matar con o sin razón. Y como resulta que, detrás de toda proposición hay un proponente, detrás de la proposición, “falsa”, que dice que es injusto matar judíos, existe también un o unos proponentes (por supuesto, los judíos entre ellos, aunque ellos podrían a su vez proponer que es justo matar palestinos y que éstos no son seres humanos); y como, también resulta que en esta forma “lógica” de proceder, la proposición falsa es eliminada, bueno, pues de ahí a eliminar también al proponente sólo hay un paso. Y este es el resultado de la razón y la racionalidad y la cientificidad y la lógica modernas aplicadas a las cuestiones de la conducta humana en cuanto a su criterio de bondad o maldad justicia o injusticia: matanzas sangrientas en nombre de los que uno cree que deben de creer también todos los demás.

La manera que ha intentado la llamada posmodernidad de escapar de este resultado absurdo e irracional de un método pretendidamente racional y objetivo, es uno: acudir directamente a las etimologías de las palabras ética y moral y dos, ensayar, a través de sus significados originarios, nuevas definiciones, llamadas ontológicas, que den cuenta no sólo del fenómeno de la moral y de lo que consideramos bueno y malo y que está en contrario de lo que en otra u otras latitudes piensan que es lo bueno y lo malo, sino del ser mismo del ente que hace esas proposiciones en primer término independientemente del sentido de las proposiciones mismas, es decir, estudiar el proponente, al ser humano en relación con la actividad de juzgar, de elegir y de valorar algo como bueno o malo. Sabiendo cómo es el ser humano y como funciona su estructura ontológica, sabiendo cual es su esencia podremos dilucidar mejor que es lo que le conviene o no, no sólo en lo individual sino como especie.